Calendarios y Fiestas

El Rocío (fiesta)

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: noviembre 6, 2020

El Rocío (fiesta), festividad que se celebra en la aldea de El Rocío, en Huelva, España, la noche del domingo al lunes de Pentecostés.

Todos los años una enorme muchedumbre llega desde numerosos puntos de la geografía española y del extranjero a la pequeña aldea de El Rocío, situada dentro de las marismas del río Guadalquivir, entre el pueblo de Almonte y el coto de Doñana. Los más devotos afirman que la Virgen “bajó de los cielos una mañana” y que un pastor se encontró con su imagen en el hueco de una encina centenaria. Allí se levantó una pequeña ermita, conociéndose el lugar con el nombre de la Virgen de las Rocinas.

Los romeros, penitentes que van a dar las gracias o solicitar algún don a la Virgen del Rocío, que ellos llaman “la blanca paloma, la reina de las marismas”, van llegando a la aldea durante toda la semana. En carretas tiradas por bueyes, a caballo, en coche, vehículo todoterreno, autobús, tractor o simplemente caminando, marchan lentamente por caminos de tierra hasta llegar a la explanada de El Rocío. Aquí se encuentra la nueva ermita de la Virgen, santuario ante el cual se lleva a cabo el rito de “la entrada” el sábado a media tarde. Todas las hermandades rocieras (se calcula casi un centenar sólo en España) desfilan con sus carretas cubiertas de flores, con los caballos enjaezados, con las mujeres luciendo sus mejores trajes, entre coplas, palmas, cohetes y vivas a la Virgen. A un lado, un sinfín de anónimos y humildes peregrinos de todas las edades entran caminando con gran emoción, empujados por la devoción, el fervor y la fe que profesan a la ‘patrona de Andalucía’.

Antes del amanecer del lunes de Pentecostés, punto culminante de la peregrinación, la multitud se congrega en torno a la ermita e intenta penetrar para hacerse con la imagen de madera de la Virgen. Una vez en el interior, y subidos a las rejas del presbiterio (el altar mayor) que la rodea, la muchedumbre increpa al sacerdote y le exige que entregue a la Virgen. Alguien abre la cancela de la reja y el trono de la Virgen del Rocío comienza a ‘navegar’ en lo alto de la multitud, que entre aplausos, vítores, golpes y lágrimas desea llevar el peso de la imagen sobre sus hombros. Ya de día, la “blanca paloma” recorrerá durante ocho horas las distintas hermandades rocieras, envuelta en gritos de exaltada y profunda devoción.