Qué es, Significado y Concepto

Definición de Fortificaciones

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: octubre 31, 2020

Fortificaciones, construcciones vinculadas al arte de la ingeniería militar. La fortificación tiene que ver con el diseño y la edificación de estructuras militares; el asedio comprende los sistemáticos esfuerzos para atacar y capturar esas estructuras.

Posiciones fijas y permanentes

Las obras de defensa pueden ser permanentes o temporales. Ejemplo de lo primero son las murallas, los castillos de la edad media, las fortalezas fronterizas y las defensas portuarias de épocas modernas. La construcción de obras permanentes de defensa requiere la continuada exigencia de protección de unos intereses militares, económicos o políticos asociados con una localidad en particular; el desarrollo de fortificaciones temporales o de campaña está relacionado con las exigencias tácticas de la misma, de carácter temporal; es el caso de las empalizadas construidas por las legiones romanas para proteger durante la noche los campamentos, las estacas de madera aguzadas que utilizaban los infantes ingleses para sembrar la confusión entre la caballería enemiga bajo un fuego de arquería, y el uso de trincheras y sacos terreros en la guerra moderna. Cuando una situación dinámica se hace estable, una posición defensiva ocupada con apresuramiento puede convertirse en una posición fortificada con mayores garantías de seguridad; el ejemplo clásico de un desarrollo semejante es el del frente occidental en Europa durante la I Guerra Mundial, cuando las trincheras y otras defensas temporales se transformaron en fortificaciones permanentes.

Construcción de fortificaciones

El primer objetivo en la fortificación de una posición fija es el levantamiento de una barrera física que no pueda ser superada de pronto y que goce de la fuerza suficiente para que la posición pueda ser defendida durante un cierto periodo de tiempo. En la guerra tribal africana, un espeso seto de espinos servía a ese propósito, en especial si era lo bastante verde como para no arder. En la frontera de Estados Unidos, las sólidas empalizadas de troncos hundidos en el suelo y con agujeros para la mosquetería, se convirtieron en el tipo más útil de fortificación. A través de los años y en la mayoría de las localidades, sin embargo, la barrera defensiva clásica fue un muro de mampostería que rodeaba el área a defender, a cuyo alrededor solía practicarse una profunda zanja protectora.

El ataque y la defensa de las estructuras de mampostería —sean murallas urbanas, fortalezas y castillos aislados o barreras amplias y extensas como la Muralla Meda, entre los ríos Tigris y Éufrates en Mesopotamia, la Gran Muralla china o las diversas murallas fronterizas construidas por los romanos contra los ataques bárbaros— implica la aplicación de tres conceptos básicos que permanecieron inalterados hasta la época de la pólvora. Para llegar a los defensores, los atacantes tenían que escalar la muralla y abrir una brecha a través de ella, u horadarla por debajo. Las técnicas de la guerra de asedio se dirigían a la consecución de uno de esos propósitos o de todos ellos, alcanzados de modo simultáneo, y las técnicas de la fortificación buscaban el modo de impedirlos.

Las técnicas que se desarrollaron eran opuestas: mientras con los fortificadores buscaban hacer inexpugnable la fortaleza, los acosadores pretendían que el asedio fuera irresistible. La eficacia con que se persiguieron tales fines varía a lo largo de la historia. La fuerza defensiva natural fue el criterio para la selección de la localización de las ciudades. En Grecia, por ejemplo, la colosal roca que es la Acrópolis fue el lugar elegido por los primitivos pobladores atenienses; las siete colinas de Roma, entre las marismas del río Tíber, proporcionaron a la ciudad una situación de alta seguridad defensiva. Los fenicios de la antigua ciudad de Tiro, viendo su litoral demasiado expuesto a las incursiones de piratas y merodeadores, se trasladaron a una isla a corta distancia de la costa, por lo que añadieron así a sus defensas una barrera de agua. Es la misma fórmula que aplicaron los mexicas (aztecas) al fundar Tenochtitlan, hacia 1345. El arte de la fortificación se desarrolló a través de las necesidades locales y, con el crecimiento de las ciudades en poder y riqueza, a veces se dejó corroer por la complacencia. El arte del asedio, por otro lado, se vio estimulado por el ansia de quienes querían transformarse en conquistadores.

Técnicas de asedio

Durante los primeros tiempos, sitiar una plaza fuerte enemiga requería un gran trabajo: había que construir torres de madera móviles (o belfroi) desde las que pudieran dirigirse flechas y otros proyectiles contra la guarnición y atacar las alturas de la muralla enemiga; estas torres eran de un peso enorme: la utilizada en el sitio de Rodas por Demetrio I, rey de Macedonia, en el 305 a.C. hizo necesario el esfuerzo de 3.400 guerreros para moverla. Los soldados de las plataformas mas bajas de la torre atacaban las murallas con arietes—que consistían en tres troncos colgados por cuerdas de unas palancas oscilantes, con cabezas metálicas redondeadas para desmoronar la mampostería— o con barrenas, que eran aparatos similares con cabezas en forma de segur para atacar sobre las grietas y desencajar las piedras de la muralla. Los defensores, a su vez, solían atacar con fuego la torre de madera, y contra él, la protección usual eran los pellejos de animales.

Entre las máquinas para lanzar proyectiles se encontraban la catapulta (que, en principio, era una ballesta que lanzaba un gigantesco venablo, acoplada a un pedestal de madera) y la balista, que utilizaba la torsión de unas pesadas cuerdas enrolladas entre dos piezas verticales para lanzar piedras de hasta 45 kilogramos cada una, aunque con escasa precisión.