Qué es, Significado y Concepto

Definición de Fortificaciones americanas

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: octubre 31, 2020

Fortificaciones (americanas), construcciones defensivas levantadas durante el periodo de dominación colonial sobre los territorios americanos, con el objetivo principal de proteger los puertos de mayor actividad comercial.

La necesidad de fortificaciones

La comunicación entre España y sus colonias americanas estuvo dificultada desde el comienzo del asentamiento español por la distancia que las separaba y los riesgos naturales que entorpecían la navegación en uno y otro sentido. Problemas a los que se sumó pronto el peligro de los ataques de piratas que pretendían hacerse con los importantes cargamentos de oro y plata que transportaban los navíos en su regreso a la metrópoli. Para defender a las embarcaciones durante este trayecto se creó el sistema de flotas de Indias, formadas por convoyes fuertemente protegidos, y se inició un largo proceso de fortificación de los puertos más importantes del continente americano, que formaban un circuito de sedes centralizadoras de la actividad comercial, en relación con las ferias organizadas a la llegada de los galeones.

El área del mar Caribe y la costa del Pacífico, desde San Blas (Panamá) hasta el estrecho de Magallanes, fueron desde mediados del siglo XVI objetivo constante de los ataques de holandeses, ingleses y franceses que buscaban el acceso rápido a las riquezas del mercado americano. Las ciudades de Santo Domingo, en la actual República Dominicana; La Habana, en Cuba, Veracruz, en México, y Cartagena de Indias, en Colombia, fueron los puntos esenciales del Caribe, en tanto que Acapulco (la actual Acapulco de Juárez), en México, Panamá, y el puerto limeño del Callao, en Perú, lo fueron en el Pacífico. Los primeros eran protegidos por la Armada de Barlovento y las flotas de Nueva España y Tierra Firme (que recibían, por antonomasia, la denominación de Flota de las Indias), mientras permanecían amarrados sus barcos, y los segundos, excepto Acapulco, por la Flota del mar del Sur.

Tipología de las fortificaciones americanas

Las fortificaciones americanas se adaptaron a las necesidades del terreno introduciendo en los modelos europeos las modificaciones inevitables, aunque mantuvieron una fuerte relación con los italianos y los flamencos en la primera época y los franceses en la segunda. Se diferenciaron sobre todo en las razones que las originaron, ya que los ejemplos americanos están en directa relación con el sistema de control comercial a través de centros de distribución obligada, implantado por la monarquía española. A ello respondió la estrategia planeada por Felipe II y desarrollada por los italianos Tiburcio Spanoqui y Bautista Antonelli, así como por el español Cristóbal de Roda, a partir de la creación de un modelo de ciudad concebida como puerto fortificado, en el que era fundamental la protección de los productos almacenados, y como eslabón de toda una cadena defensiva. Este modelo se intentó perfeccionar en los siglos siguientes incorporando los planteamientos de las nuevas teorías defensivas. El objetivo del programa era la protección de todo el litoral atlántico, desde el estrecho de Magallanes hasta Florida.

Las principales fortalezas

Las primeras construcciones respondieron a fórmulas que habían sido habituales en la edad media, con castillos y fuertes, como la Torre del Homenaje o las Atarazanas de Santo Domingo (actual República Dominicana) y el fuerte de San Jerónimo del Boquerón en San Juan de Puerto Rico; pero a ellas se sumaron pronto las fortificaciones basadas en modelos renacentistas de planta poligonal y en el sistema abaluartado, que tuvo vigencia durante los siglos XVII y XVIII. Ciudades como San Juan de Puerto Rico y La Habana actuaban como puerta de entrada a las Antillas y por ello recibieron una especial atención. En San Juan se construyeron fuertes, fortines y una ciudadela, pero la obra más importante fue El Morro, finalizado según su proyecto original en 1540, y reforzado en varias etapas a lo largo del periodo colonial. Fue concebido como un sistema defensivo, a caballo entre la técnica medieval de aprovechamiento del terreno y los nuevos conceptos defensivos propios de la fortificación abaluartada, integrando una gran cantidad de dependencias. La Habana contó primero con el Castillo de la Real Fuerza, de 1558, pero su defensa se basó en un complejo entramado en el que se incluyen el amurallamiento de la ciudad (1674-1797); la protección de la entrada a su bahía, con la construcción del castillo de los Tres Reyes del Morro (conocido asimismo como El Morro) y San Salvador de la Punta, llevados a cabo entre 1589 y 1630; y la disposición de un conjunto de fortines y baluartes, todo ello destinado a proteger la llegada de los galeones de la flota de Indias y a custodiar sus cargamentos, mientras esperaban el momento de iniciar el regreso a la metrópoli.

En la costa perteneciente al virreinato de Nueva España, la ciudad de Veracruz, punto de amarre de la Flota de la Nueva España, concitó un esfuerzo defensivo que se concretó en su amurallamiento y en la construcción del baluarte de San Juan de Ulúa, frente a la ciudad, que todavía a finales del siglo XVIII, tras repetidas modificaciones, se mostraba de gran utilidad. A lo largo de la costa del Yucatán se sucedieron las construcciones en un intento de proteger la salida de la producción maderera y la industria naval local. En Portobelo (Panamá), se levantó un importante número de fuertes, diseñados en la mayoría de los casos por Antonelli y que hubieron de ser reformados algunos por Ignacio de Sala en el siglo XVIII tras los ataques de Henry John Morgan, en 1668, y de Edward Vernon, en 1741.

También la costa caribeña de Venezuela contó con una red basada en la defensa de los puertos de La Guaira, isla Margarita, Cumaná, Puerto Cabello y Araya. La más importante fue la dedicada a la protección de las minas de sal de esta última, para lo que se levantó una fortaleza en 1622 siguiendo el proyecto de Cristóbal de Roda. Otro punto clave para el comercio con América fue Cartagena de Indias, ciudad sobre la que los piratas mantuvieron un permanente acoso. En 1586, los Antonelli, padre e hijo, idearon un sistema defensivo que incluía también el amurallamiento de la ciudad y la defensa de su bahía por medio de castillos que se situaron en la Boca Grande y la Boca Chica en diferentes momentos. De nuevo Cristóbal de Roda e Ignacio de Sala participaron en sucesivos reforzamientos durante los siglos XVII y XVIII.

En la vertiente del Pacífico, un punto fundamental para la red del comercio colonial fue Acapulco, que a partir de 1571 monopolizaba el comercio con Filipinas a través del Galeón de Manila. La defensa de su bahía se hizo por medio del castillo de San Diego, levantado según el proyecto del holandés Adrian Boot, y destruido en 1776; su reconstrucción, según proyecto de Miguel Costanzó, con planta en estrella, se basó en la búsqueda de una mejor situación y de la duplicación de la superficie del anterior. En el virreinato del Perú el esfuerzo se concentró en la capital, Lima, y en su puerto, Callao, de donde salía periódicamente la plata procedente del Alto Perú (la actual Bolivia). El puerto fue amurallado en 1641, siguiendo el proyecto de Juan de Espinosa, y posteriormente se levantó el castillo del Real Felipe, en cuyo proyecto definitivo de José Amich se incorporaron los planteamientos del francés Ozanam en su Traité de la fortification.

Al mismo tiempo, se reforzaron las defensas a lo largo de la costa abriendo o cerrando el camino a los tesoros peruanos desde el estrecho de Magallanes. Santiago, Valparaíso, Valdivia, y los archipiélagos de Chiloé y de Juan Fernández configuraron todo un entramado defensivo en el que tuvo una especial responsabilidad el virrey Manuel de Amat y Junyent, quien ordenó inspeccionar, reparar o sustituir las construcciones más antiguas e ineficaces. Todas estas edificaciones entran dentro de lo que se denomina “fortificación moderna permanente abaluartada”, formando por sí mismas la escuela de fortificación hispanoamericana.

El final de la presencia Española en el continente Americano

Algunas de las principales fortificaciones construidas por los españoles en los territorios americanos fueron asimismo utilizadas por éstos, durante el final del proceso de emancipación de las colonias para resistir los definitivos embates de los independentistas. Así, el 18 de noviembre de 1825, Miguel Barragán, quien más tarde sería presidente interino de México, logró derrotar a la postrera resistencia realista, establecida en el castillo de San Juan de Ulúa (Veracruz). El último bastión español en el continente sudamericano fue el castillo del Real Felipe, rendido el 23 de enero de 1826 tras el prolongado sitio del Callao.