Qué es, Significado y Concepto

Definición de Barcos de guerra

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: octubre 31, 2020

Barcos de guerra, naves construidas para realizar diferentes operaciones en la guerra naval moderna. Las fuerzas navales modernas se integran de una gran variedad de barcos cada vez más especializados, como adaptación a las nuevas estrategias y tácticas cambiantes de la guerra en la mar. Aunque las flotas de las superpotencias han evolucionado a partir de antiguas tradiciones que llegan hasta los días de la vela y el remo, el papel actual de la marina es muy diferente. Hasta los primeros años del siglo XX, la marina de un país era el principal medio para extender su poder a todo el globo. Un buen ejemplo de esto es el absoluto dominio que Gran Bretaña ejerció durante 150 años sobre los océanos del mundo. Sin embargo, desde la II Guerra Mundial, cuando las aeronaves de gran alcance pueden atacar cualquier lugar del mundo en cuestión de horas y los submarinos nucleares llevan misiles capaces de destruir más de cien ciudades en un solo ataque, no es de extrañar que la importancia del barco haya disminuido. Hoy en día la marina cumple otras funciones dentro de la actividad militar de un país.

La marina de superficie de un país cumple con tres objetivos principales: buscar y destruir los submarinos de disuasión nuclear del enemigo, transportar una fuerza aérea ofensiva a los lugares del mundo donde no se dispone de grandes bases aéreas o éstas son inadecuadas, y transportar y apoyar a las tropas de tierra gracias a los desembarcos anfibios. Estas diferentes funciones han hecho que las marinas de guerra modernas se estructuren por flotas de ataque más que como una flota combinada. Cada flota de ataque está equipada con naves apropiadas para su misión. (Ver Portaaviones).

La cambiante tecnología de la guerra moderna ha tenido sobre las fuerzas navales un efecto tan profundo como sobre los carros de combate y los aviones. Hasta el final de la I Guerra Mundial las grandes flotas de barcos de guerra blindados, armados con cañones de 40 centímetros de calibre, forzaban sus motores de vapor buscándose una a otra a través de los océanos. Cuando se iniciaba una batalla, cada flota se desplegaba formando líneas y se disparaban entre sí, a distancias muy cortas, tal y como hiciera Nelson en Trafalgar.

Los avances tecnológicos de la II Guerra Mundial pusieron las bases de la marina contemporánea. El radar consiguió que el capitán de un buque no dependiese ya de una aguda visión que pudiese detectar el blanco en el horizonte para apuntar mejor. Los primeros ordenadores también consiguieron que los disparos fuesen más exactos y mortales. El misil alemán V-1 fue el primer paso dado hacia el misil de crucero que hoy en día domina la guerra naval.

En los últimos años las contiendas navales se parecen más a una persecución aérea que a las acciones del pasado. Los barcos tantean con sus sensores en busca del enemigo y usan misiles teledirigidos de precisión para dar la estocada final. Los cañones son cosa del pasado y la mayor parte de los barcos, con independencia de su tamaño, disponen de armas de pequeño calibre de disparo rápido que utilizan como defensa antiaérea y última barrera frente a los misiles. A diferencia de los maniobrables aviones de combate, un barco con una velocidad máxima de 72 kilómetros por hora no tiene ninguna posibilidad de esquivar a un misil disparado por un avión supersónico a una velocidad de 800 kilómetros por hora. Una dirección precisa y una cabeza con 200 kilogramos de carga explosiva aseguran que un misil que dé en el blanco impida que éste lleve a cabo su misión y con toda probabilidad lo hunda. La única posibilidad del barco es evitar que le disparen o destruir el misil en vuelo, lo cual no es fácil. La estrategia de la guerra naval moderna consiste en localizar al enemigo para anticiparse a sus intenciones.

Los barcos también son vulnerables a los ataques desde la profundidad de los mares, ya que la mayoría de los submarinos están especializados en su caza y destrucción y son capaces de buscar y destruir tanto las naves de superficie como otros submarinos que llevan misiles balísticos y que constituyen su objetivo principal. Por estas razones, los barcos de guerra disponen muchas veces de armamento antiaéreo o antisubmarino y en una flota de ataque deben estar presentes ambos tipos de naves. Aunque los barcos se clasifican por sus objetivos, se sigue manteniendo la clasificación tradicional por tamaños. Sin embargo, las expresiones ‘crucero’, ‘destructor’ o ‘fragata’ tienen hoy día un sentido muy diferente del que les hubiera dado un almirante del siglo XIX.

Acorazados

En la década de 1980, la Marina estadounidense volvió a poner en activo cuatro acorazados gigantes de la clase Iowa, capaces de desplazar 54.000 toneladas y que llevaban nueve cañones de 41 centímetros. También se instalaron en ellos lanzadores de misiles de crucero Tomahawk. Tanto los cañones como los misiles se usan sobre todo para bombardear la costa, algo que hicieron durante la guerra del Golfo Pérsico en 1991. A pesar de la puesta en activo de estos barcos de clase Iowa, siguen en pie las razones que en su día se alegaron contra este acorazado. Son grandes y, por tanto, fáciles de encontrar, lentos y, a pesar de su blindaje de acero de 40 centímetros de espesor, siguen siendo vulnerables a los misiles, que pueden transportar una carga explosiva capaz de atravesar un blindaje mucho mayor del que tuvieron en la década de 1940. Hoy un barco de clase Iowa tiene una tripulación de sólo 1.800 personas mientras que en la II Guerra Mundial era de 6.000 personas. La clase Iowa volvió a ponerse en activo como reflejo de las exigencias de un mundo en el que la amenaza de la Marina rusa se debilitaba. En cualquier caso los acorazados son demasiado vulnerables y de poca utilidad táctica, en una posible guerra naval entre flotas de ataque modernas en el Atlántico Norte.

Cruceros

Los cruceros son grandes barcos de guerra capaces de desplazar 10.000 toneladas. Algunos, como la clase Moskva rusa o el Invincible británico de cubierta oblicua, transportan aviones de alas fijas. La mayoría pueden llevar helicópteros para el reconocimiento y la búsqueda de submarinos. Los de mayores dimensiones pertenecen a la clase Kirov rusa. Éstos pueden desplazar 28.000 toneladas y están armados con misiles de superficie y con una gran variedad de sensores y armas antisubmarinos. Están preparados para añadir una gran potencia de choque al grupo de un portaaviones o para llevar a cabo en solitario una expedición de guerra antisubmarina. Otros cruceros más pequeños de la Marina rusa, como las clases Slava o Kara, están todavía más especializados y por lo general sólo intervienen en acciones de superficie o en la guerra antisubmarina. En la Marina estadounidense la mayoría de los cruceros son barcos de defensa antiaérea cuya misión es proteger a los portaaviones nucleares gigantes. Algunos, como la clase USS Virginia, poseen también un reactor nuclear con lo que su velocidad y resistencia se equipara a los portaaviones que escoltan. Otros disponen de sofisticados sistemas ofensivos aire-aire. La clase Aegis, por ejemplo, lleva un potente conjunto de radar en fase que proporciona 360° de visión y puede seguir hasta 200 objetivos de forma simultánea. Los ordenadores eligen automáticamente las armas más apropiadas para atacar: desde los misiles cargados hasta las ametralladoras Phalanx multicañón de corto alcance, pero siempre bajo la supervisión de los oficiales responsables. El sistema puede funcionar de forma autónoma en un entorno de alto peligro: la clase Aegis alcanzó cierta fama cuando uno de esos barcos derribó por accidente un avión civil iraní en 1988. Estos cruceros tienen una velocidad máxima de unos 30 nudos y una tripulación aproximada de 600 personas.

Destructores

La línea divisoria entre cruceros y destructores no está clara. Los destructores son por lo general barcos de unas 5.000 a 10.000 toneladas. Sin embargo, los destructores estadounidenses de clase Spruance tienen el mismo casco que los cruceros de 9.600 toneladas de clase Ticonderoga. En las marinas de la OTAN los destructores son sobre todo barcos de defensa aérea, aunque la mayoría tiene cierta capacidad antisubmarina. Los destructores rusos, como las clases Sovremenny y Udaloy de 8.000 toneladas, se utilizan para la guerra de superficie y antisubmarina. Los destructores europeos suelen ser más pequeños: por ejemplo, los británicos HMS Bristol de 7.000 toneladas y el Manchester de 5.000 toneladas. Los destructores suelen tener al menos una torreta contra ataques de superficie dotada con un cañón de hasta 12,5 centímetros de calibre. Esto se debe a la necesidad ocasional de enfrentarse a otros barcos en posibles situaciones de combate. Lo normal, sin embargo, es que los destructores formen una ‘pantalla’ alrededor de una formación de ataque que se despliega entre el valioso portaaviones o los barcos de ataque anfibio y las amenazas aéreas o submarinas más graves. Los destructores pueden alcanzar velocidades de 33 nudos y tienen una tripulación de 400 personas.

Fragatas

Las fragatas son los barcos más utilizados en las marinas de guerra actuales. Muchos países europeos pequeños no tienen barcos mayores que una fragata, y las que poseen se despliegan como una parte vital de cualquier flotilla de ataque de la OTAN. La mayoría de las fragatas desplazan entre 3.000 y 4.000 toneladas. En los tiempos de Nelson, las fragatas eran los ‘ojos de la flota’: con escaso armamento y construidas para ser veloces, su objetivo era encontrar la línea de batalla enemiga y conseguir que la flota entrase en acción, evitando los encuentros con navíos mayores. Hoy en día las fragatas aún forman la zona exterior de la pantalla defensiva de una flota, pero la mayor parte de los barcos de la OTAN están especializados en su función de guerra antisubmarina. Sin embargo, como en ocasiones pueden alejarse de forma considerable de las defensas principales de una flota, muchas fragatas, como la clase Broadsword británica, disponen también de sofisticados sistemas de defensa antimisiles de corto alcance. Las fragatas rusas, por otro lado, están construidas sobre todo para la defensa antiaérea o para la guerra de superficie, dado que son barcos mayores los que se encargan de hacer frente a los antisubmarinos; con una excepción: la clase Krivak, de 4.000 toneladas, que ahora se describe como barco de ‘escolta’ y combina el armamento antisubmarino con una ametralladora pesada y armamento antiaéreo. Las fragatas se desplazan a menos de 30 nudos y llevan tripulaciones que oscilan entre las 200 y las 300 personas.

Los cruceros, los destructores y las fragatas son los componentes que los almirantes emplean cuando quieren constituir una flota de ataque. Entre ellos pueden defender las valiosas naves que forman el núcleo de la flota de ataque frente a la mayoría de las amenazas y están preparados para atacar los barcos de una flota enemiga. Otros barcos más especializados son también necesarios para completar las capacidades estratégicas y tácticas de una marina de guerra moderna.

Barcos de guerra anfibios

La posibilidad de desembarcar tropas en territorio hostil ha sido una parte vital de la estrategia naval desde el siglo XIX. Pero la campaña del Pacífico durante la II Guerra Mundial subrayó la importancia de las operaciones anfibias. El transporte marítimo es una forma de trasladar a las fuerzas, en especial si los habitantes locales no pueden construir pistas para el transporte aéreo.

Los barcos de asalto anfibio deben estar equipados para transportar lanchas de desembarco que puedan operar en la playa, en aguas poco profundas y con poco espacio. También deben tener una cubierta de aterrizaje capaz de permitir el funcionamiento de una flotilla de helicópteros para el transporte aéreo de las tropas. Lo más importante es que dispongan del espacio necesario para conducir a centenares de soldados y su equipo, que puede incluir carros blindados, artillería y otros vehículos. Los mayores barcos del mundo de este tipo son los de la clase Tarawa de la Marina estadounidense. Con sus 40.000 toneladas tienen casi la mitad del tamaño de los mayores portaaviones. Pueden transportar 30 helicópteros grandes y aviones a reacción de despegue vertical del Cuerpo de Marines, así como varios centenares de ‘marines’. La Marina Real Británica posee también dos naves de asalto de 12.000 toneladas: el Fearless y el Intrepid. Ambas tienen una gran plataforma para el aterrizaje de helicópteros y un muelle interior que puede inundarse para que salgan los barcos de desembarco a través de una compuerta de bisagras en la popa.

Buques dragaminas

Las minas son una de las mayores amenazas para los barcos en las aguas costeras. Estas cargas flotantes pueden usarse para bloquear los puertos enemigos en tiempos de guerra, por lo que la mayoría de las Fuerzas navales tienen una flota de pequeños buques para combatirla. Los buscaminas las localizan utilizando el sonar y las hacen explotar lanzando cargas explosivas. Los dragaminas usan diferentes técnicas con el mismo fin: estructuras remolcadas que cortan las anclas de las minas y que las hacen flotar en la superficie, donde pueden ser destruidas con ametralladoras. Como las minas están construidas para ser detonadas ante la presencia de barcos, que detectan de forma magnética o acústica, es esencial que los dragaminas no puedan ser localizados por ellas. Por tanto son pequeños —por lo general con menos de 500 toneladas— y se fabrican con plásticos reforzados de fibra de vidrio para evitar la detonación de las minas magnéticas. La clase Brecon de la Marina Real británica son los buques de fibra de vidrio más grandes que se han construido, con 725 toneladas y 60 metros de eslora.

Buques auxiliares

La mayor parte de las agrupaciones que operan en alta mar se apoyan en mayor o menor medida en buques auxiliares que transportan suministros vitales. Se necesitan buques de combustible, municiones y de almacenamiento si se quiere realizar una campaña larga. También son muy vulnerables al ataque enemigo y deben ser protegidos en tiempo de guerra. Esta vulnerabilidad es en parte lo que incitó a la Marina estadounidense a utilizar la energía nuclear para muchos de sus barcos más grandes, con lo que liberó a sus mayores portaaviones de la necesidad de repostar fuera de las revisiones en puerto, necesarias cada pocos años.

Las fuerzas navales de todo el mundo están reduciendo el número de buques de sus flotas, pero a la vez invierten en dotar a cada una de sus naves de complejos instrumentos. Sofisticados sistemas de ordenadores y de misiles aseguran que cada barco sea más eficaz, más versátil y más difícil de hundir. Muchos están equipados con una serie de dispositivos de guerra electrónica que evitan que los misiles enemigos los conviertan en objetivos: la tecnología de ocultación se utiliza cada vez más en los barcos. Al principio a los barcos en activo se les colocaban pantallas de plásticos que absorbían las señales del radar. Pero las nuevas naves se diseñan cada vez más con superficies inclinadas que dispersan las señales del radar como lo hacen las superficies del avión de combate invisible Lockheed F-117. Lockheed presentó el Sea Shadow, un catamarán anguloso que parece una pirámide truncada que flota sobre el agua. Un buque en la práctica invisible como ése, sería ideal para funcionar como una nave de defensa antiaérea de largo alcance, desplegado para formar junto con otros una pantalla alejada de la flota de ataque principal. En el futuro, los buques de guerra seguirán manteniendo un papel vital en la estrategia naval.