Salud

Benzodiazepinas

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: noviembre 15, 2020

Benzodiazepinas, grupo de sustancias con propiedades farmacológicas que deprimen la función del sistema nervioso central. Producen sedación y somnolencia que facilita el inicio y la conservación del sueño (sedantes hipnóticos), disminución de la ansiedad, relajación muscular, amnesia retrógrada y actividad anticonvulsiva.

A este grupo de fármacos pertenecen, entre otros: el diazepam, el clordiazepóxido, el clonazepam, el clorazepato, el lormetazepam, el alprazolam, el lorazepam, el midazolam y el bromazepam. La vía de administración (oral, intramuscular o intravenosa) depende de cada sustancia. Entre sus indicaciones terapéuticas se encuentran los trastornos de ansiedad, el insomnio, los trastornos convulsivos y el síndrome de abstinencia del alcohol. También se emplean como medicación preanestésica para producir sedación y amnesia antes de una intervención quirúrgica.

A diferencia de otros depresores del sistema nervioso central, la capacidad de este grupo para provocar una depresión profunda y letal del sistema nervioso central es limitada, por lo que se consideran fármacos más seguros. Por esta razón, han sustituido a otros depresores, como los barbitúricos, en el tratamiento del insomnio y la ansiedad.

Por lo general, las propiedades farmacocinéticas (absorción, distribución, transformación y eliminación) de cada benzodiazepina son el fundamento de su elección para las diferentes indicaciones. Según su vida media se clasifican en benzodiazepinas de acción ultracorta, corta, intermedia y larga. Las de vida larga permiten utilizar dosis menos frecuentes, su retirada es más fácil, pero se acumulan y producen sedación diurna. Las de vida corta requieren el empleo de dosis más frecuentes, producen un síndrome de retirada más intenso, pero no se acumulan ni originan sedación diurna.

El tratamiento con benzodiazepinas no debe ser prolongado ya que el uso continuado de estas sustancias provoca la aparición de una dependencia que es intensa en el caso de que se consuman dosis mayores de lo habitual. La interrupción brusca del consumo de estos fármacos desencadena un síndrome de abstinencia que aparece entre las 24 y 48 horas posteriores y que puede manifestarse como insomnio, agitación, ansiedad, sudoración, irritabilidad, temblor, ansiedad y angustia.

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