Salud

Anticoagulante

Artículo escrito por Ana S. | Actualizado: noviembre 15, 2020

Anticoagulante, nombre que reciben los medicamentos que suprimen, retrasan o evitan la formación de coágulos (masas de células hemáticas) en el torrente sanguíneo. Se utilizan en el tratamiento de enfermedades del corazón, los pulmones o los vasos sanguíneos. Se pueden administrar para tratar ataques cardiacos, embolias pulmonares (bloqueos de la arteria que alimenta de sangre a los pulmones) o casos de frecuencia cardiaca irregular, pues pueden provocar la formación de coágulos o trombos peligrosos. También los pacientes con válvulas cardiacas artificiales suelen recibir tratamiento anticoagulante después de la intervención para evitar las complicaciones asociadas con el flujo de entrada y salida de sangre en el corazón.

Los anticoagulantes actúan interfiriendo con la acción de la vitamina K, un componente esencial en la producción de trombos. No disuelven los coágulos ya formados, que deben tratarse por otros medios.

Se administran por prescripción médica, en forma de comprimidos para tomar por vía oral o de solución líquida inyectada en la piel. Normalmente se administra una dosis inicial elevada (entre 10 y 250 mg al día, según el medicamento elegido) que suele reducirse al cabo de algunos días a una dosis menor de mantenimiento. La dosis exacta se calcula en función del tiempo de formación de trombos del paciente, que se determina mediante pruebas de laboratorio. El efecto se aprecia después de tres a cinco días de tratamiento. La warfarina es un tipo especial de anticoagulante.

Los anticoagulantes pueden reaccionar adversamente con muchos otros medicamentos, entre ellos algunos de venta sin prescripción, como la aspirina o el acetaminofeno. También pueden provocar hemorragias profusas. Se suele aconsejar a los pacientes tratados con anticoagulantes que lleven una tarjeta de identificación que lo advierta. No se recomienda utilizar anticoagulantes durante el embarazo.

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